Perspectivas para las MYPES salvadoreñas en 2025: resiliencia, transformación digital y desafíos estructurales

Perspectivas para las MYPES salvadoreñas en 2025: resiliencia, transformación digital y desafíos estructurales

Por el equipo editorial del Observatorio Mype de FUSAI

1. Un 2025 decisivo: de la recuperación a la transformación

Las Micro y Pequeñas Empresas (MYPE) de El Salvador podrían enfrentar en 2025 un punto de inflexión significativo: si bien muchas han demostrado una notable capacidad de adaptación tras la pandemia, se vislumbra que dicha resiliencia por sí sola podría no ser suficiente para garantizar su competitividad futura. Transformarse estructuralmente se vuelve cada vez más necesario en un entorno económico crecientemente digital y exigente. Así lo sugiere el último informe del Observatorio MYPE de FUSAI, que destaca que “la resiliencia no basta si no se acompaña de innovación, formalización e inclusión financiera efectiva”.

Unidades económicas operando en la informalidad 75%

En 2023, más del 75% de las unidades económicas del país operaban en la informalidad. El reto para 2025 consiste en comenzar a integrar esta mayoría silenciosa al circuito productivo formal, promoviendo no solo su bancarización, sino también el acceso efectivo a servicios no financieros: capacitación, redes de apoyo, y tecnologías accesibles.

2. Cinco tendencias clave que marcarán el rumbo de las MYPE en 2025

a. Digitalización como motor de competitividad

Las empresas que adoptaron herramientas digitales entre 2022 y 2023 reportaron un aumento de hasta 20% en ventas comparadas con aquellas que permanecieron offline. Esta tendencia se acelerará en 2025. La expansión del comercio electrónico, el uso de billeteras digitales y plataformas como Tigo Money ya no serán una opción, sino una condición mínima de competitividad.

b. Inclusión financiera: acceso aún limitado

Aunque el financiamiento a MYPE representa al menos 13% de la cartera total del sistema financiero (Superintendencia de Competencia, 2022), aún persisten barreras estructurales. Las microempresas de subsistencia enfrentan condiciones de acceso inequitativas, altos costos de intermediación y regulaciones inadecuadas. El uso de instrumentos de garantía y la consolidación de créditos con enfoque territorial serán claves para ampliar la cobertura.

c. El desafío de la formalización

La economía subterránea en El Salvador aún representa alrededor del 30% del PIB, según estimaciones de la Universidad Centroamericana (UCA). Este dato evidencia el profundo arraigo de la informalidad en la estructura económica del país. En este contexto, la política de integración económica diseñada por CONAMYPE representa un intento ambicioso por adaptar el marco regulatorio a la realidad diversa y segmentada del sector. Esta política propone condiciones diferenciadas para facilitar el tránsito progresivo hacia la formalidad, tomando en cuenta el nivel de acumulación, el tipo de actividad y el entorno territorial.

Para 2025, su implementación efectiva no solo será crucial para elevar la productividad y el acceso a programas estatales, sino que también podría sentar las bases para una mayor equidad económica y fiscal. Como concluye el Observatorio MYPE de FUSAI en su informe 2023: “Sin una estrategia de formalización viable y segmentada, el país continuará operando con una economía paralela que limita la efectividad de cualquier política de desarrollo”.

d. Empuje desde el exterior: migración e inversión familiar

El 25.6% de los hogares salvadoreños recibe remesas, según datos del BCR. Estas no solo son un amortiguador social que ayuda a sostener el consumo en tiempos de crisis, sino que, cada vez más, se convierten en una fuente significativa de capital semilla para microemprendimientos familiares, especialmente en zonas rurales. Esta dinámica sugiere que las remesas están comenzando a jugar un rol estructural en la configuración del tejido productivo nacional.

Para 2025, se espera que la canalización estratégica de estas remesas hacia inversión productiva sea una de las grandes apuestas del desarrollo local. En palabras del Observatorio MYPE: «Donde no llega el crédito, muchas veces llega el giro familiar. Transformar ese flujo en capital transformador es el desafío más urgente y más prometedor para las MYPE salvadoreñas.»

e. Transición generacional y liderazgo femenino

Más del 50% de las empresas están lideradas por mujeres, muchas de ellas en el sector informal, lo cual revela una realidad doblemente compleja: alta participación, pero también alta vulnerabilidad. ONU Mujeres ha destacado que las mujeres emprendedoras en América Latina enfrentan barreras estructurales significativas, incluyendo limitado acceso a financiamiento, menor propiedad de activos y cargas desproporcionadas de trabajo no remunerado. En El Salvador, estos desafíos son especialmente evidentes en los segmentos informales.

Además, una nueva generación de jóvenes empresarios está emergiendo con una mentalidad más digital, colaborativa y orientada al mercado. El desafío será generar políticas públicas con enfoque interseccional que reconozcan esta diversidad y fortalezcan las capacidades emprendedoras de mujeres y jóvenes. Como afirma ONU Mujeres (2022): «Empoderar económicamente a las mujeres no es solo una cuestión de justicia, sino de eficiencia: es liberar el potencial económico más grande e ignorado de nuestra región.»

Conclusión: ¿qué esperar en 2025?

El 2025 será un año de consolidación o estancamiento para el ecosistema MYPE. La oportunidad está en aprovechar el nuevo entorno digital, el rediseño de políticas públicas y el rol clave que las MYPE juegan en la generación de empleo (alrededor del 70% según la EHPM y el Observatorio MYPE).

La transformación no será espontánea: requiere de políticas diferenciadas, financiamiento justo y un enfoque centrado en las personas empresarias reales. Solo así las MYPE podrán dejar de ser “la otra cara de la economía” para convertirse en su rostro más dinámico y resiliente.

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