Empresarias salvadoreñas: la apuesta por la resiliencia en un mercado desafiante.
Las empresarias salvadoreñas del sector MYPE no solo representan la mayoría dentro del segmento, sino que también están redefiniendo su papel en la economía nacional. A pesar de operar en un entorno con barreras estructurales y en sectores tradicionalmente menos dinámicos, han demostrado una notable capacidad de adaptación y crecimiento.
El índice de confianza empresarial entre las empresarias MYPE cerró 2024 en 107.7 puntos, un incremento de 5.2 puntos respecto al año anterior. Aunque todavía están por debajo de sus pares masculinos, que alcanzaron los 109 puntos, la brecha se está reduciendo de manera constante. La tendencia sugiere que su resiliencia no solo es un atributo, sino un motor de expansión económica.

El contexto en el que operan explica, en parte, las diferencias. “Las mujeres tienden a concentrarse en sectores más vulnerables y menos dinámicos, lo que influye en su desempeño financiero y en su capacidad de crecimiento”, señala Luis Castillo, director del Observatorio MYPE. Sin embargo, las cifras revelan algo más: su confianza en la economía y en sus propios negocios no solo está en aumento, sino que ya supera al promedio del sector y a los empresarios hombres en percepción de oportunidades.
Al cierre del cuarto trimestre de 2024, marcaron 46.4 puntos en el indicador de Confianza Empresarial, superando en 1.7 puntos el registro de los hombres. Este dato no es menor. Implica que, a pesar de los desafíos, las empresarias no sólo ven el futuro con optimismo, sino que están tomando decisiones estratégicas para crecer en un mercado competitivo.

Mujeres mejoran desempeño de sus negocios
El desempeño de las empresarias salvadoreñas durante 2024 dejó en claro que la narrativa de la fragilidad financiera en el sector MYPE necesita una revisión. Durante los primeros tres trimestres del año, sus puntajes en el indicador de situación —que mide qué tan bien han administrado sus negocios— estuvieron por debajo de los hombres. Pero al cierre del cuarto trimestre, igualaron el nivel de sus pares masculinos con 39.6 puntos. No fue un golpe de suerte ni un fenómeno aislado, la tendencia sugiere cambios de mayor importancia.

En términos de inversión, los números refuerzan la solidez de su apuesta. Siete de cada diez empresarias mantuvieron o incrementaron su inversión a lo largo de 2024. De ellas, el 49.15% optó por conservar su nivel de inversión, mientras que un 24.17% decidió incrementarla. Estas cifras prácticamente igualan a las de los hombres, quienes en un 49.37% mantuvieron su inversión y en un 27.25% la aumentaron. En términos globales, el 76% de las empresas en el sector MYPE no redujo su inversión durante el año. Esto indica una tendencia clara: estabilidad con miras a un crecimiento progresivo.
Sin embargo, no todas las cifras son alentadoras. La competencia en el mercado se ha convertido en el principal desafío para las empresarias salvadoreñas. Según los datos, el 50% considera que el incremento de competidores en su zona con productos o servicios similares es su mayor obstáculo. Claudia Dueñas, gerente de la Escuela LID, lo advierte con claridad: “Sin estrategias sólidas de diferenciación y optimización de modelos de negocio, la competitividad se erosiona y el crecimiento se convierte en un reto mayor”. Es aquí donde muchas empresarias enfrentan su mayor prueba: traducir su confianza en el entorno económico en decisiones que garanticen su estabilidad en el mediano y largo plazo.
El desafío para 2025: crecimiento con solidez
El primer trimestre de 2025 pondrá a prueba la capacidad de resistencia de las empresarias del sector MYPE. Tradicionalmente, esta etapa del año es un periodo de desaceleración tras el dinamismo de la temporada navideña y de vacaciones. Sin embargo, las proyecciones apuntan a que las empresarias podrían desafiar la tendencia. Su índice de expectativa para el primer trimestre cerró en 53.3 puntos, superando en 3.4 puntos el registro de los empresarios hombres. Este dato sugiere que las empresarias ven oportunidades donde otros anticipan dificultades.
Pero el optimismo, por sí solo, no es suficiente para garantizar resultados. Para sostener el crecimiento observado en 2024, será fundamental consolidar modelos de negocio más sólidos, mejorar la gestión financiera y fortalecer la capacidad de respuesta ante el aumento de la competencia. La estabilidad no es un derecho adquirido, sino una consecuencia directa de decisiones estratégicas bien ejecutadas.
Las empresarias salvadoreñas han demostrado que pueden crecer incluso en un entorno desafiante. La pregunta ahora no es si seguirán avanzando, sino si lograrán convertir su resiliencia en una ventaja competitiva sostenible.