Opinión
El Salvador sin USAID: disyuntivas del apoyo a las MYPES
Luis Castillo – Director del Observatorio MYPE/ESCUELA LID de FUSAI
Durante las últimas dos décadas, los programas de cooperación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han sido una piedra angular en el ecosistema de apoyo a las micro y pequeñas empresas (MYPES) en El Salvador. En los últimos cinco años, USAID ha aprobado y ejecutado proyectos por un monto aproximado de $267 millones de dólares en rubros que benefician directa o indirectamente a la MYPE, tales como la mejora de la educación en comunidades vulnerables, crédito semilla para emprendedores, apoyo al desarrollo local, formación en habilidades técnicas e inclusión financiera, entre otros.
Entre los programas más destacados se encuentran «Cadenas de Valor Inclusivas», que promovió la inserción de más de 10,000 pequeñas empresas en sectores como agroindustria, textiles, turismo y tecnologías de información; «Creando Oportunidades Económicas (COE)», que canalizó fondos para capacitar a jóvenes y mujeres emprendedoras; y «Mujeres Construyendo Resiliencia», que facilitó el acceso a financiamiento para empresarias rurales. El impacto ha sido concreto: miles de unidades económicas accedieron a formación, asistencia técnica, financiamiento y oportunidades de inserción en mercados nacionales e internacionales.
La suspensión repentina de estos recursos obliga al país a hacer una pausa estratégica. ¿Debe El Salvador resignarse a la pérdida o puede aprovechar este giro para construir un modelo más autónomo de apoyo a las MYPES? Este nuevo escenario exige repensar cómo articular políticas públicas, recursos nacionales e internacionales y alianzas multisectoriales para llenar un vacío que, de no ser atendido, podría tener efectos regresivos en la economía popular.
1. Comercio sin ayuda. ¿Libertad económica o zona de peligro?
El fin de la cooperación de USAID no equivale al fin de las oportunidades con EE.UU. Es muy probable que parte de la ayuda que proveía el USAID sea retomada por el departamento de Estado. También, este podría ser el momento ideal para aprovechar términos comerciales más favorables para los productos salvadoreños. Sin embargo, la situación presenta una paradoja: si bien El Salvador debe demostrar su capacidad de autosuficiencia, la competitividad de sectores cruciales como las MYPES podría verse comprometida en el proceso. ¿Podrá el país mantener a flote a este crítico sector en un mercado donde las reglas son dictadas por jugadores con mayores recursos y experiencia?
El mercado regional podría ser un salvavidas. La integración económica centroamericana abre nuevas oportunidades para las MYPES, pero sin inversión en infraestructura, educación, programas de acompañamiento empresarial y financiamiento, esta oportunidad podría quedar desperdiciada . Si El Salvador quiere jugar en las grandes ligas, deberá hacerlo sin la red de seguridad de la ayuda externa, y si lo hace, habrá un marco de condicionamientos completamente nuevo.
2. Autosuficiencia financiera. ¿Cómo se construye valor sin ayuda?
La cancelación de estos fondos deja al descubierto una realidad incómoda: la ausencia de un modelo autosostenible para muchas instituciones sin fines de lucro. Durante años, la cooperación internacional ha sido el oxígeno que ha mantenido con vida a muchas ONG y programas. Ahora, sin esta fuente de ingresos, deben reinventarse. La gran pregunta es: ¿tienen la capacidad de hacerlo?
El emprendimiento social y la inversión privada emergen como soluciones evidentes, pero aquí surge otro problema: ¿está el sector privado salvadoreño preparado para asumir este rol protagónico? Las MYPES, que constituyen el 94.4% del tejido empresarial, dependen de condiciones de mercado favorables para prosperar. Sin acceso a financiamiento adecuado y apoyo para generar capacidades productivas en una economía con serias vulnerabilidades inherentes, las micro y pequeñas empresas enfrentan desafíos aún mayores para crecer y prosperar.
3. Programas sociales. ¿Transformación o desaparición?
Los programas de prevención de violencia y migración forzada que financiaba USAID han sido claves para reducir los factores de riesgo en comunidades vulnerables. Pero su importancia no se limitaba al ámbito social. Muchos de estos proyectos incluían componentes económicos vitales: incubación de negocios, formación en habilidades emprendedoras, acceso a microcréditos, asistencia técnica, encadenamientos productivos y desarrollo de mercados locales. Estas intervenciones combinaban el desarrollo social con una estrategia de activación económica territorial.
La eliminación de estos proyectos no solo plantea una pérdida de apoyo comunitario, sino también un retroceso en la construcción de ecosistemas locales de emprendimiento. ¿Cómo garantizar que estos programas sigan funcionando? La cooperación entre sector privado, gobierno, academia y ONG nacionales podría ser una solución, pero sin un empuje nacional claro y liderado por una sólida coalición público-privada, estas iniciativas corren el riesgo de diluirse.
4. MYPES en un nuevo entorno. ¿Dónde y cómo priorizar el apoyo?
La historia muestra que el acceso al crédito y la falta de apoyos no financieros siguen siendo obstáculos mayúsculos para la mayoría de estos negocios. Sin USAID, muchos pequeños empresarios dependerán aún más del sistema financiero local y de los programas nacionales de apoyo a las MYPES, los cuales suelen estar mal financiados (los públicos) o diseñados para responder a realidades distintas (el sector financiero).
El sector privado podría llenar parte del vacío, pero ¿realmente lo hará? El capital de inversión es escaso, y sin incentivos adecuados, es difícil imaginar que grandes empresas se lancen a financiar emprendimientos con un nivel alto de riesgo. Sin una estrategia clara de apoyo, la capacidad de las MYPES para sostenerse y crecer con recursos propios encontrará barreras adicionales. Los apoyos no financieros —capacitación, asistencia técnica, innovación, redes de mercado— tan vitales, se han vuelto repentinamente escasos.
La desaparición de esta infraestructura de acompañamiento genera un vacío que los organismos multilaterales, trabajando con los Gobiernos, tendrán la presión de llenar. Sin embargo, deberán enfrentar una necesidad imperiosa de priorización: decidir qué territorios, sectores o segmentos empresariales apoyar primero en un contexto de alta demanda y recursos limitados.
5. Adaptación ante la incertidumbre. ¿Innovación o parálisis?
Si hay algo que El Salvador ha demostrado a lo largo de su historia es resiliencia. Ahora, más que nunca, se requieren estrategias innovadoras que impulsen la digitalización, la educación financiera y el acceso a mercados locales e internacionales para las MYPES.
La urgencia del momento no deberá llevar a decisiones improvisadas. Según una encuesta del Observatorio Mype la ESCUELA LID de FUSAI, en promedio 57% de los microempresarios aún no perciben una disminución en los precios y han experimentado aumentos en los costos de insumos desde 2021, Muchas Mypes enfrentan fuertes presiones en sus márgenes y la presión sobre los negocios pequeños podría ser excesiva y difícil de soportar. Los empresarios deben encontrar formas sostenibles de financiar la asistencia que necesitan para adaptarse a un entorno económico que cambia rápidamente.
Conclusión. La paradoja de la autosuficiencia
La salida de USAID no representa solo la pérdida de fondos, sino también de una arquitectura institucional que, con todos sus defectos, apoyaba la estabilidad social en comunidades vulnerables y brindaba acceso a los bienes más escasos para las MYPES: conocimiento, mercados y tecnologías. Ahora, El Salvador enfrenta una prueba de fuego: demostrar que puede sostener por sí mismo este tipo de programas esenciales o arriesgarse a un retroceso económico y social considerable entre los sectores más frágiles.
¿Será este cambio el impulso que necesita El Salvador para poner a las MYPES finalmente en el centro de la agenda nacional? La respuesta está en la rapidez y eficacia con la que se tomen decisiones estratégicas. El Salvador puede transformar esta crisis en la oportunidad de redefinir su modelo de cooperación y desarrollo económico local. Pero sin un renovado enfoque centrado en las verdaderas necesidades del sector MYPE —mayoritariamente afectado por los recortes— el país corre el riesgo de quedar atrapado en la paradoja de depender de la ayuda para poder prescindir de ella. Es el momento de apostar más por las Mypes, base del empleo nacional.
